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La Guerra de las Siete Fuentes es el nombre de un comic de Johan y Pirluit donde los Pitufos hacen brevemente su segunda aparición.

TramaEditar

Johan y Pirluit están perdidos en el bosque a causa de un atajo que sugirió Prluit. Cuando salen del bosque, no saben si ir a la derecha o a la izquierda y empieza una tormenta, así que se refugian en un castillo cercano. El puente levadizo está bajado, pero no hay nadie. Lo extraño es que aunque el castillo está abandonado, los muebles siguen ahí.

Horas más tarde, cuando duermen, Pirluit oye un ruido y despierta a Johan. Johan decide inspeccionar y después de un rato encuentran a un fantasma del que huyen hasta que Peewit cae por una ventana, y el fantasma ayuda a Johan a encontrar una escalera para traerlo de vuelta.

El fantasma explica que era Sir Adelbert de Beaufort, el señor del castillo. Su pueblo era feliz y la tierra era fértil gracias a las siete fuentes que había. Por desgracia, Adelbert era un gran bebedor y cierto año, la cosecha de uva fue muy mala y el vino almacenado se avinagró. A falta de vino, Adelbert tuvo que beber agua y se tornó huraño e irritable. Un día, una bruja llamada Sara quiso concederle un deseo para mejorar su humor, y Adelbert pidió que saliera vino en vez de agua de las siete fuentes. Entonces comenzaron los problemas: los campesinos descuidaban los campos para acudir a beber al río, el ganado andaba desperdigado y ebrio, toda la gente ebria hacía mal sus trabajos, no se podía hacer comida que no fuera al vino y había constantes peleas. Adelbert fue a buscar a Sara para deshacer el deseo, pero ella le reiteró que sólo tenía un deseo, y cuando Adelbert perdió los estribos, Sara se enojó y secó todas las fuentes. El pueblo sediento se fue y dejaron a Adelbert solo. Cuando falleció, sus antepasados le acusaron de arruinar el país por vino y le negaron un lugar entre ellos, condenándole a vagar por el castillo todas las noches.

Johan decide ayudar a Adelbert y busca a una descendiente de Sara que pueda deshacer el hechizo. Tras horas al sol, un pastor les da leche de cabra y cuando le preguntan por Sara, él dice que su tío el curandero, que vive en una aldea al final del sendero, le habló de ella una vez. El curandero no sabe si Sara legó sus conjuros a alguien, pero el brujo Panduro, en una cabaña a la entrada del bosque, debería saberlo. A pesar de que el curandero les advierte que Panduro es peligroso, Johan va a verlo, acompañado por el temeroso Pirluit. Apenas Panduro les recibe, Pirluit sale corriendo, para luego ver que Johan sale sano y salvo y Panduro le dijo que la heredera de los poderes de Sara es la bruja Raquel.

Tres días más tarde, llegan a la cabaña de Raquel. Cuando no la encuentran, Johan va a buscarla en los alrededores mientras Pirluit se bebe un "vino prodigioso" que le provoca risa incontrolable. Al fin, Sara llega y le da un antidoto a Pirluit que le hace llorar brevemente pero luego lo vuelve a la normalidad. Raquel confiesa que Sara nunca le reveló el hechizo de las fuentes, pero en ese momento Pirluit encuentra una de las flautas de seis agujeros de los Pitufos y Sara dice que es prestada y vendrán a buscarla. Justo en ese momento llega Papá Pitufo, que dice que puede hacer una varita para encontrar agua con un arbusto que crece en el País Maldito, y la tendrá lista en tres días, cuando vuelvan a las siete fuentes.

Tres días más tarde, Johan y Pirluit se encuentran con Papá Pitufo y un grupo de Pitufos que les traen la varita. Johan usa la varita para encontrar agua oculta en todas las fuentes y, a medianoche, Adelbert se alegra de los resultados, pero todavía queda una cosa más para que se reúna con sus antepasados: uno de sus descendientes debe mudarse al castillo.

Al día siguiente, llegan cientos de hombres que cada uno afirma ser el descendiente del señor de Beaufort, y mientras ellos junto con sus escoltas se pelean por quién es el verdadero, llega un servidor de Jean, tataranieto de Adelbert, que posee el sello de los Beaufort como prueba de que es el verdadero.

Los falsos Beaufort deciden aliarse hasta que se deshagan de Jean, y meten a Johan, Pirluit y el servidor al calabozo. Jean está en Besdorf, a ocho días de camino, y los falsos Beaufort deciden enviarle un mensaje para tenderle una trampa (con un mensajero de cada uno, pues ninguno confía en los demás).

Esa noche, Adelbert asusta sin querer a los impostores que cree son sus verdaderos herederos, y cuando Johan le cuenta todo, los espanta intencionalmente hasta que amenaza a uno para liberar a los prisioneros. Johan y Pirluit escapan, pero el servidor es atrapado de nuevo.

Johan y Pirluit se dirigen a Besdorf, igual que los mensajeros de los falsos Beaufort. Se retrasan al seguir un camino equivocado que Pirluit creía era un atajo, hasta que un día llegan a Besdorf, pero los mensajeros ya habían llegado con una advertencia de que Johan y Pirluit son enemigos.

En el calabozo, Johan le cuenta la historia verdadera a Jean, y usa como prueba una carta antigua de Adelbert con el sello de los Beaufort. Johan tiene un plan para probar que dice la verdad: primero, un falso mensajero avisa que el servidor de Jean escapó del castillo de las siete fuentes. Al principio siguen disimulando hasta que Jean dice que tiene un mensaje de su servidor diciendo que estuvo prisionero. Los mensajeros confiesan y piden piedad, y Jean revela que el mensaje estaba en blanco.

Tres semanas después, llegan doce jinetes al castillo de las siete fuentes. Los falsos Beaufort creen que son sus mensajeros y les abren las puertas, sólo para descubrir que es Johan con un grupo de caballeros. Se apoderan del puente levadizo y dan la señal para atacar a Jean, que esperaba detrás de la colina. La batalla no se decide, hasta que esa noche Adelbert reaparece y ordena que los enemigos se rindan a Jean de Beaufort. Los pocos que no lo hacen son emboscados y capturados. Jean libera a su sirviente y se instala en el castillo, y Adelbert finalmente se reúne con sus antepasados.

Pirluit, para divertirse, va al calabozo y le dice a los falsos Beaufort que uno de los mensajeros tenía órdenes de su señor para traicionar a los demás, y merece la libertad y Cien Escudos por ayudar al fracaso del complot, pero como todos son Beaufort no saben cuál es. Cada uno afirma ser el traidor y empiezan a pelear por el "honor" de serlo, mientras Pirluit disfruta del resultado de su engaño.

TriviaEditar

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